Este «texto fundacional» del Festival de las Solidaridades es fruto de un proceso de redacción colectiva abierto a todos los miembros del proyecto entre junio de 2018 y junio de 2019, y fue posteriormente aprobado por el comité internacional de Festisol en 2022.
En 2024, en un contexto político marcado por un auge sin precedentes de los partidos de extrema derecha en las elecciones europeas y por unas elecciones legislativas anticipadas que entrañan el riesgo de entregar las riendas del poder a la extrema derecha, este texto de posicionamiento es más actual que nunca. También resulta fundamental para comprender los valores que defiende el proyecto del Festival de las Solidaridades, en contraposición a los de los partidos de extrema derecha. La red Festisol continúa movilizando a todas y todos los ciudadanos y ciudadanas para animarles a actuar en favor de un mundo más justo, solidario y sostenible.
Los miembros del Festival de las Solidaridades pretenden promover la indisolubilidad entre las dimensiones local e internacional de la solidaridad.
La solidaridad se basa, ante todo, en una realidad: ya sea a escala de un barrio, un pueblo, un país o el mundo, nuestras vidas son interdependientes entre sí y con la naturaleza, y nuestras acciones tienen un impacto global. Pero la solidaridad es para nosotros, ante todo, una elección: es decidir ver al otro como una fuente de aprendizaje y como una fuerza para transformar juntos nuestro mundo.
DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS EN TODAS PARTES Y LUCHAR CONTRA LAS DESIGUALDADES
En un momento en el que las desigualdades no dejan de agravarse, poner el énfasis en los derechos humanos es más esencial que nunca. Planteamos un postulado sencillo y contundente: todo ser humano, esté donde esté y tenga la edad que tenga, debe ver garantizados todos sus derechos, tal y como se definen, en particular, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Si bien las desigualdades existen a escala internacional, también se observan dentro de cada país. Las dinámicas de solidaridad se manifiestan en cada ámbito territorial y deben poder unirse para ampliar y reforzar el alcance de sus acciones.
Los modelos de producción capitalistas basados en la búsqueda del beneficio mediante la explotación de las personas y de la naturaleza, nuestros hábitos de consumo y numerosas políticas públicas actuales refuerzan las injusticias sociales, económicas y medioambientales, que están estrechamente relacionadas entre sí. Estas injusticias afectan en primer lugar a las poblaciones más vulnerables y marginadas. Transformar nuestra economía y reforzar los mecanismos nacionales e internacionales de redistribución de la riqueza es, por tanto, una necesidad urgente para reducir las desigualdades y proteger mejor el medio ambiente.
Las migraciones ponen de manifiesto las interdependencias globales. Ya sea que huyan de una situación insoportable o que simplemente aspiren a una vida mejor, las personas «migrantes» o «expatriadas» ilustran los vínculos milenarios y en constante renovación entre las diferentes regiones del mundo. Considerar las migraciones como un problema nos parece una aberración, sobre todo porque enriquecen cultural y económicamente tanto a los países de acogida como a los de origen. Hay que defender los derechos de las personas migrantes, independientemente de su origen o su situación.
POR UNA CIUDADANÍA MUNDIAL Y SOLIDARIA
Una mirada lúcida al mundo nos lleva a esta conclusión evidente: la solidaridad solo tiene sentido si es global. Limitarla a un territorio, a una nacionalidad, a una cultura o a una religión no haría más que alimentar los conflictos y las divisiones. Construir la paz implica, en nuestra opinión, reconocer el derecho igualitario de cada ser humano a vivir con dignidad en un entorno preservado.
La solidaridad, además de global, debe ser ciudadana: defendemos la idea de unas políticas públicas democráticas elaboradas y aplicadas con la participación de todas y todos. Ser ciudadano o ciudadana no se limita a ejercer el derecho al voto o la libertad de expresión: nuestras decisiones de consumo, nuestros ahorros, nuestros compromisos voluntarios o profesionales y, en un sentido más amplio, nuestra forma de ser y nuestra relación con los demás, son igualmente determinantes.
Actuar por un mundo más solidario,
es optar por defender los derechos humanos y difundir en todas
partes
los valores de apertura, ayuda mutua, justicia y paz.
Estamos convencidos de que el cambio pasará por la creación de redes a nivel local, regional, nacional, continental y mundial entre todas las personas que comparten estos valores. Esta creación de redes nos parece una condición imprescindible para ampliar la sensibilización y la movilización, diversificar sus formas y marcos, y reforzar las alternativas solidarias y las acciones de defensa de causas. En todo el mundo, debemos exigir a los Estados que cumplan sus compromisos internacionales, en particular la Agenda 2030 de las Naciones Unidas «Transformar nuestro mundo» y sus 17 «Objetivos de Desarrollo Sostenible».
Actuar juntos
Para lograr la transformación de nuestras sociedades, necesitamos a todo el mundo: a los poderes públicos y a las administraciones locales, investidos por los votantes, pero también a las asociaciones, los centros educativos, las empresas, los medios de comunicación, los sindicatos y el conjunto de la ciudadanía. Tanto a escala local como en el marco de las alianzas internacionales, son la identificación común de objetivos, el reparto de responsabilidades y la evaluación colectiva lo que confiere solidez y sostenibilidad a las acciones puestas en marcha. Esto supone una relación transparente y recíproca, que se inscriba en el largo plazo y favorezca la autonomía de cada uno.
No dejar a nadie atrás
Implicar a toda la ciudadanía supone dedicar tiempo a involucrar a todas y todos, especialmente a los jóvenes, en la comprensión de los retos, y a construir y poner en práctica juntos las soluciones, con una perspectiva de emancipación colectiva. Rechazando los enfoques moralizantes o que generan culpa, nuestras acciones de sensibilización fomentan la expresión de opiniones diversas y tratan de involucrar a las personas afectadas por los temas abordados. Su objetivo es desmontar nuestras representaciones del «otro», ya sea cercano o lejano, y dotarnos a todos de los medios para comprender cómo funciona el mundo y cómo actuar sobre él.
La solidaridad, un proyecto de sociedad para la humanidad
Sea cual sea la forma de compromiso elegida, esta debe nutrirse de una comprensión global del mundo actual y de las transformaciones en curso.
¡Actuemos juntos por un mundo solidario!
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Crédito de la foto: Rémi Déprez.